Archena.Calle de San Juan (Cliché S. Martínez) (Ap.1915)
CUATRO RUTAS
                                                                 RUTA DE GITANOS

        Rutas de todos los tiempos. En las entradas del pueblo siempre tenéis vuestra casa y el olivar
es vuestro amigo. Las ruedas del carromato conocen todas las sendas, y las caballerías, sabias de su destino, están lánguidas como las rniradas de gitanos viejos.
        Llegaron los trashumantes y al poco todas las puertas se han abierto con desconfianza para mirar las faldas, con tiras de bandera, de las púdicas extrañas.
        Estos gitanos son amigos de todas las sombras. La de olivar los desgarra; la de ermita les da cama, y la de iglesia de pueblo les da vajilla ocre y cántaros con portillos ansiosos de tener agua.
        Y las gitanas... Saben de todas las penas, pero aprendieron a matarlas conforme van llegando a la aldea.
                                                                                                                RUTA DEL RIO
        Monte abajo y por los valles desenreda su madeja. No le importan los riscos verdinegros ni las noches de viento y escarcha. Siempre, siempre corriendo en busca de una querencia. (Y al encontrarla se muere.)  Pero lleva en su seno fragor de barrancos, para asustar en la noche al caminante, y esto le enorgullece, y se hincha, poseído en su carrera loca y revuelta de que sus cuchilladas blancas están matando baladres. (Y todo porque vió a éstos con flores rojas.)
        Y cuando anda con la carretera se ruboriza, creyéndose novio, al departir con ella, tan blanca, tan brillante... (No sabe el pobre río que la carretera le va a dejar muy pronto para irse con otro novio: el campo o el monte.)
        Y sigue adelante, ya más callado, rumbo a la ciudad, a erisortijarse con un puente y abanicarse con álamos.
                                                                                                                RUTA DE LAS CAMPANAS
        ¡Ay, qué ruta más estrecha para estas eternas golondrinas de las torres! Presas en la niñez, en la juventud, en la vejez... Sólo hay sendas para sus gritos. Sendas rizadas por los tejados. Sendas secas por los campos. Sendas de todos colores en la huerta de la iglesia.
        En las noches claras, de julio o enero, velan para hablar con la luna, que se engancha en las veletas, y sólo callan cuando el reloj las piropea con su voz ronca. Hablan de fautasmas, de apareciclos, de bautizos y de entierros.
        Toda la noche de charla. Hasta que llegue el día que las hará marearse en su voltear.
                                                                                                                RUTA DE LA LUNA
        De los cipreses a las torres. De las torres a las ventanas de los enamorados. A pasear su color de ánfora por las noches del pueblo, y a deshilacharse en las manos de una novia. (Y a besar todas las calles; y a entregarse a todos los poetas.)
       Música pone el viento en las semillas de luna, para fundirse en cuerdas de guitarra y versos. La senda de la luna se la tiene bien aprendida la niña de quince años, como se la aprendió el trovador de la Edad Media, y como se la aprenderán los románticos de todos los tiempos.
       Ahora se marcha a hablar con las campanas cautivas, y con el río loco, y con los gitanos grises. (¿Cuándo dormirá la luna?)

  José Moreno Sánchez
  El alma, las cosas y el paisaje
 Colección Arrixaca
 Murcia, Tip La Verdad, 1936
 Edición numerada de 525 ejemplares en papel pluma